‘‘LAS TRES CES’’ o CÓMO LAS MUJERES HEMOS PERDIDO NUESTRA FEMINIDAD

Astrid Leila Bust dice que las ‘‘tres ces’’, church  (‘‘iglesia’’ en inglés), cocinar y children (‘‘niños’’), que formaron parte de la identidad de toda mujer por muchos años, ahora se han sustituido por ‘‘tres nuevas ces’’: carrera, combate y falta de compromisos. Por supuesto que esta frase no se aplica a todas las mujeres, pero por lo menos nos da que pensar.

Consciente o inconscientemente muchas mujeres hacen frente a una lucha diaria para sobrevivir en una sociedad dominada por los hombres. Tenemos que encajar en un mundo masculino dirigido hacia el rendimiento, identificarnos con él para tener las mismas oportunidades de empleo y sobrevivir económicamente. No me sorprende que hayamos tomado una armadura masculina para estos combates diarios de la cual nos resulta difícil desprendernos en nuestro tiempo libre ya que no somos del todo conscientes de ella. Ya no vemos en esta lucha por la supervivencia que estamos negando o reprimiendo nuestras cualidades femeninas.

EL CUERPO FEMENINO IDEAL ESTÁ ORIENTADO A LOS HOMBRES

Pensemos en la imagen del cuerpo femenino ideal que muchas mujeres han adoptado ciegamente: muchas mujeres prefieren no tener curvas femeninas porque el cuerpo debe ser masculinamente esbelto. Solo los pechos deben aún ser turgentes. ¿Por qué? Porque se corresponde con los deseos de muchos hombres… Así se produce otro condicionamiento externo en vez tener autodeterminación, ¿no es así?

La pérdida de la feminidad se hace patente en muchas facetas de la vida. Hemos aprendido cómo funcionar como si nos pulsaran un botón, cómo imponernos y cómo estar a la altura de los hombres en disciplina y fuerza de voluntad. Al mismo tiempo, olvidamos nuestro poder y fuerza femenina interior, que se expresa y vive de forma totalmente diferente a la masculina.

 GESTiÓN EN VEZ DE SENSUALIDAD

Las mujeres tenemos que estar perfectamente organizadas para gestionarnos no solo a nosotras sino también a nuestros hijos, nuestros asuntos domésticos y, en parte, también a nuestros maridos, para que el sistema familiar no se ‘‘desplome’’. ¿Qué espacio queda para la sensualidad?

La pérdida de nuestra feminidad no nos hace mujeres más felices, ya que nos aleja más y más de nuestro potencial femenino y de las cualidades que nos definen. No obstante, este cambio también afecta a los hombres y, a la larga, conlleva inseguridad entre los sexos. Por lo que las sufragistas lucharon ha generado un efecto bumerán con el paso del tiempo.

¿La solución? ¡No tengo ninguna! Volver a la iglesia, la cocina y los niños no es una opción para muchas de nosotras.

¿ES ESTE EL DESPERTAR DE UNA ‘‘NUEVA MUJER’’?

¿Quizá hay una solución en la conciencia de nuestra feminidad masculinizada? Y como consecuencia, ¿en el intento de remplazarla por nuestro potencial femenino?

QUIZÁ LA SOLUCIÓN SEA CREAR UNA IMAGEN COMPLETAMENTE NUEVA DE LAS MUJERES

Estamos viviendo momentos de mucha agitación. ¿Por qué iba a ser diferente en lo que respecta a ser mujer? Igual que los niños de la Nueva Era no llamaron mucho la atención hace algunos años, la ‘‘nueva mujer’’ podría estar despertando. Depende de nosotras el querer mantener nuestras pautas de comportamiento o rasgos masculinos o dejarlos atrás y recordar nuestro poder femenino primigenio y vivirlo.

 

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